En el Atemporal Club, todos conocían una regla: ¡nadie, excepto Pol, podía sacar a Esperanza! Ella era como la joya más preciada del club, vigilada por una fuerza formidable.
Pero este hombre, Juan, decidió romper esa regla. ¡Tenía la suficiente audacia y la determinación para hacerlo!
Al principio, Esperanza estaba temerosa, muy preocupada de enojar a Pol y enfrentar su cruel castigo. Pero cuando levantó la mirada y vio la mirada firme y sin miedo de Juan, y cómo miraba hacia adelante sin vacil