Los ojos encendidos de Esperanza lo miraban fijamente. Bajo la vigilancia total de innumerables cámaras, solo podía mostrarle una sonrisa muy profesional y coquetear lo mejor que podía.
Pero su rostro rígido no podía engañarla a sí misma, ni tampoco al hombre frente a ella.
En este momento, en la otra punta del monitor de la suite.
Pol estaba sentado en la sala de control, observando cada mínimo movimiento de los dos a través de la pantalla gigante.
La suite estaba equipada con cámaras de alta d