Noa sintió una fuerte amenaza helada a sus espaldas, un viento siniestro que sopla. Quiso esquivar, ¡pero ya era demasiado tarde!
¡Pero Víctor no le daría al asesino una segunda oportunidad!
De repente, sacó su arma que llevaba en la cintura, con un rápido y ágil movimiento, envolvió la cintura de Noa con su largo brazo, protegiéndola en sus brazos. Al momento, apretó el gatillo, una bala alcanzó el brazo derecho de Raúl, quien sostenía con fuerza el cuchillo, y otra alcanzó su pierna izquierda.