—¿Por qué?— Alejandro frunció el ceño y sus ojos se estrecharon.
Dios sabe cuánto tiempo llevaba dándole vueltas a esas disculpas en su mente, ¡incluso había pasado una semana sin poder dormir!
Originalmente planeaba decírselo en el cumpleaños de su abuelo, pero esta noche, al ver a Rodrigo aparecer descaradamente en su casa, ya no podía esperar ni un minuto más y solo quería llegar lo más rápido posible a su lado.
No sabía qué le estaba pasando, nunca antes se había sentido así.
Sus emociones e