Teófilo aún se encontraba absorto en los intensos aromas hormonales que emanaban de su interés romántico.
Pero Diego, con un apretón repentino en su corazón, tiró con fuerza de su mano, liberándola por completo de su abrazo.
Teófilo sintió instantáneamente un fuerte vacío en el pecho, y sus extremidades se volvieron rígidas.
—Leticia está aquí conmigo.
Diego respondió con calma, se dio la vuelta y abrió la puerta sin dudarlo dos veces.
Fuera de la puerta, Leticia sonreía amablemente. —Lo sabía,