Al escuchar esto, Clara y Alejandro intercambiaron cómplices miradas, sintiendo una fuerte resonancia en sus corazones.
Enrique, observando sus figuras alejarse, perdió todo color en su envejecido rostro, como si todo su ser estuviera empapado por agua helada.
Fuera del cementerio, tres lujosos autos estaban estacionados en fila.
Clara y Alejandro se sentaron en el primero, mientras Fernando ocupaba el segundo.
Poco después, Enrique, acompañado por Aurelio, salió con semblante melancólico y tris