Sin el respaldo estratégico de Ema, Leona perdió por completo la determinación y quedó volando sin rumbo, sin ideas propias, se las estaba tratando de arreglar como podía sola.
Mientras tanto, Ema y el secretario continuaban el juego de echarse la culpa mutuamente, sin importarles la decencia.
Esta escena hizo que Enrique se sintiera extremadamente incómodo. Desearía poder irse de inmediato de esa situación embarazosa.
Concluidas las declaraciones del demandante y el demandado, llegó el momento