A varios metros de distancia, la mirada de Alejandro era fría mientras se encontraba frente a frente con Enrique. Filas de sillas negras parecían clavarse entre los dos, formando un espeso y enmarañado bosque de espinas.
La atmósfera de toda la sala de banquetes se congeló instantáneamente, la presión descendió abruptamente, dejando a Aurelio y al gerente atónitos, con escalofríos recorriendo sus cuerpos y el cuero cabelludo totalmente entumecido.
—Alejandro, ¿cómo es posible que estés aquí? ¿Qu