Inés apretó con fuerza los labios, nerviosa, tomó el teléfono con gran cautela y lo acercó a su oído enrojecido y ardiente.
—Papá...
—Inés, todo el mundo está tan alborotado afuera debido a tu transmisión en vivo. Pero elegiste un buen lugar, tu propio hotel, donde puedes atacar y defenderte. Eres, muy astuta, ¿aprendiste eso de tu hermana Clara? —Julio se burló.
—No... no...
Inés estaba extremadamente avergonzada por lo sucedido y hablaba de manera incoherente. —Papá, lo siento... todo es culpa