Clara levantó sus bellos ojos limpios como el agua, coincidiendo con la mirada ardiente que él le dirigía.
Ella lo entendía profundamente; todo estaba tan claro sin necesidad de palabras.
Los tres llegaron al último piso, atravesaron un estrecho pasillo y se detuvieron frente a la puerta más interna de la residencia.
Antes de que pudieran llamar a la puerta, una anciana con un bastón subió tambaleándose desde abajo.
Al verlos vestidos con elegantes trajes negros, la anciana parecía temblar de od