Después de un sencillo aseo, Clara se cambió de ropa y bajó a comer con Alejandro.
Hacía mucho tiempo que no probaba la habilidad culinaria de Alba, y disfrutó cada bocado. Alba la miraba con indulgencia.
—¡Guau, de veras está muy delicioso!
Clara se lamió los labios y dio un lindo eructo. Con ojos ansiosos, levantó la cuenca y se la entregó a Alba. —¡Alba, sírveme otro tazón de arroz!
—¡Entendido, señora! — Alba se fue alegremente a servir más arroz.
Los mayores siempre se sentían bien cuando v