Leticia también sintió una ira incontenible, deseando poder agarrar un puñado de tierra de una maceta cercana y metérsela en la boca a esa desgraciada.
—¡Madre! ¿Qué estás diciendo?
Aarón parpadeó y corrió desde las escaleras hasta la señora Belén, quien, con sus ojos negros llenos de indignación, parecía como si estuviera ardiendo en llamas. —¿Qué acabas de hablar? ¿Cómo puedes hablar así?
Al ver que su hijo tenía un ojo vendado y aún tenía moretones en la cara, la señora Belén, con el corazón