A su alrededor, los suspiros no cesaban.
Elevó sus largas pestañas y se encontró con las profundas y densas pupilas de Alejandro. Al ser envuelta en sus maravillosos brazos, su cuerpo tembló ligeramente, y la temperatura de su piel aumentó gradualmente.
La cálida respiración de Alejandro rozó su nariz, mirándola desde arriba con total intensidad.
Él aferró sus dedos con tenacidad, levantó elegantemente su brazo derecho y enganchó su cintura con el izquierdo. La húmeda palma de su mano descansó e