¡De un fuerte golpe Clara entró furiosa al estudio! Un rubor enojado y desafiante apareció en su hermoso rostro, con los puños apretados con fuerza.
Tanto Julio como Rubén se sobresaltaron de inmediato y sintieron un apretón en el pecho.
Inmediatamente, el señor Pérez habló con una voz grave: —¡Mocosa insolente, no entiendes las normas y la cortesía? ¿No tienes manos para tocar la puerta?
—Desde que comencé a correr por los jardines de Villa Hermosa, nunca he tocado una puerta. Y ahora vienes a