Enrique fulminaba con la mirada a su hijo, con una expresión que no podía describirse con facilidad.
Detrás de él, acompañándolo junto con Aurelio y los guardaespaldas, estaba Leona con una expresión sombría.
En realidad, Leona no quería acercarse por nada del mundo a ver a Ema. Desde el día de la carrera de caballos hasta ahora, no había salido de Villa Mar.
Ema, su hija biológica, le había avergonzado por completo.
Esos días, no se atrevía a mirar el teléfono ni a encender el televisor. Cada v