Clara permaneció notablemente tranquila. Si no podía manejar una simple humillación, ¿cómo podría entonces liderar un multimillonario imperio en el futuro?
Sin embargo, los dos tipos a su lado ya no podían mantener la calma.
Especialmente Alejandro, sus grandes manos, convertidas en puños de hierro, temblaban constantemente. Su rostro era tan frío como un tempano de hielo, y la ira que bullía en su pecho se elevaba hasta su garganta.
Al ver que había enfurecido claramente al hombre, Hugo, sintié