Por otro lado, en la sala de descanso del establo número dos.
La carrera de caballos acaba de terminar y Ema no podía en realidad esperar para ir a la cita con Federico.
—Federico... Federico... ¡Aquí estoy!
A veces, Ema sentía que desde que conoció al doctor Martínez, no solo se sentía rejuvenecida, sino que también se volvía cada vez más loca, audaz y sin miedo.
Durante más de veinte años, ella había mantenido una fachada falsa en la familia Hernández, ocultando su verdadero yo, y todos los dí