Leona se sonó la nariz y sus ojos se destellaron con una luz siniestra. —¿No fue usted quien lo instruyó para hacer esas cosas? ¿Qué tiene que ver conmigo? ¡No me involucre en esto!
—¡Eres en realidad una tonta! ¿Quieres deshacerte de la responsabilidad ahora? Tu propia madre está en problemas y tú no te inmutas verdad, ¿solo sabes evadir la responsabilidad? Si algo me pasa, no esperes tener una muy buena vida.
La mirada malévola de Ema hizo temblar al instante a Leona. No parecían madre e hija