Clara se aferró a él con todas sus fuerzas, llorando y llamando su nombre en su oído.
Pero para ella, Alejandro, que respondía a cada palabra, ya no podía ofrecerle ninguna respuesta.
—¡Clara! ¡Alejandro!
—¡Clara! ¡Juan hermano está aquí! ¡Clara!
—¡Alejandro! ¡Estoy aquí!
En ese momento, Diego, Juan y Rodrigo finalmente se reunieron con ellos.
Diego disparó dos veces, una bala rompió la rótula del asistente, la otra alcanzó su brazo, y la ballesta cayó al suelo, causándole un dolor insoportable.