—¡Clara!
Alejandro estaba tan angustiado que sentía que su corazón iba a estallar en mil pedazos.
En ese momento, olvidó el dolor agudo de su herida y corrió hacia adelante sin dudarlo dos veces, extendiendo los brazos con una voluntad tan asombrosa como el acero para atrapar a la mujer que amaba.
La herida de bala en su hombro izquierdo se abrió de nuevo en el instante en que abrazó muy fuerte a Clara, y la sangre empapó por completo su camisa negra.
Sin embargo, no sentía el más mínimo dolor