—Bueno, tan solo es una pequeña herida, no te preocupes... ¡Ah! —Clara parpadeó y fue atrapada por Alejandro, quien la levantó por la cintura. Ella instintivamente presionó su pecho.
—Te llevaré de regreso a tu habitación, ¿hay un botiquín en casa? Te ayudaré a vendarte de nuevo. —Alejandro la miró intensamente con ojos brillantes y subió las largas piernas hacia arriba.
—No necesito tu ayuda. Soy una cirujana profesional, puedo vendarme yo misma. —Clara apretó con fuerza su pequeña mano blanca