La persona en la cama no era otra que Luciana.
Al escuchar a Emilio, su mente soñolienta se despertó enseguida y, con un ligero puchero, protestó: —¿Para qué te busca ella?
Emilio sonrió al escucharla: —Mi amor, ella es mi clienta, seguro necesita un masaje.
—Mejor duerme un poco más. Esta noche te llevaré a bailar.
Ayer se habían acostado muy tarde, y Luciana todavía tenía sueño, así que con un suave gesto de la mano permitió que Emilio se marchara.
Emilio le echó una última mirada antes de sal