Renata yacía en silencio, con una máscara de oxígeno cubriendo su desgastado rostro, tan inmóvil que apenas se percibía el leve movimiento de su respiración.
Solo los esporádicos silbidos y saltos en la pantalla del monitor al lado de la cama revelaban que todavía estaba viva.
Sin embargo, su cuerpo era muy delgado y frágil, tan demacrado que parecía que en cualquier momento podría dejar este mundo.
Daniela la observaba fijamente, inmersa por completo en sus pensamientos.
Renata siempre había si