.7.
Justo cuando estaba a punto de acostarse y descansar, alguien entró corriendo en la sala.
Era Clarisa.
—¡Rose! ¿Por qué te fuiste sin decir nada? ¿Por qué no llevaste tu teléfono? ¡Te he estado buscando todo el día! ¿Sabes lo preocupada que estaba? —preguntó con urgencia.
—Lo siento… —Rose se sintió culpable.
—Me alegra que estés bien. ¿Dónde está la persona que hizo esto? —preguntó Clarisa, aliviada al verla, pero curiosa por saber que le había pasado a su amiga en su pierna.
Detrás del patio