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—¡Saúl, tienes que conseguir justicia para tu hermana! —Bianca exclamó con tristeza—. ¡Es una dislocación! ¿Cuánto dolor tendrá que soportar tu hermana?
Saúl miró el rostro pálido de Isabel dentro de la habitación.
Apretó los puños con fuerza, la ira hervía dentro de él, imposible de sofocar.
—¡No te preocupes! —gruñó—. ¡Definitivamente vengaré a Isabel!
Bianca, conmovida hasta las lágrimas, asintió emocionada.
—Sí, Isabel no te adora en vano —susurró, sintiendo una mezcla de orgullo y lástima.