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En la penumbra del despacho, iluminado solo por la tenue luz de la tarde filtrándose por los ventanales, Dorian sostenía entre sus manos las imágenes del ultrasonido de Rose. Eran pequeñas, en blanco y negro, y sin embargo le parecían lo más valioso que había tocado jamás. Sonrió con ternura, acariciando con el pulgar la forma indefinida que representaba a su hijo… o hija. Su sangre. Su legado.
Y sin embargo, una sombra de culpa nublaba esa felicidad.
Se había precipitado. El plan de embarazarl