—Mamá, lo siento mucho. Sé que estás alterada y entiendo que mi amiga te hizo enojar. No era su intención, solo quería ayudar.
Bajé la cabeza, incapaz de sostener la mirada acusadora de mi madre. Hablé en voz baja, casi en un susurro, como si temiera que alzar la voz pudiera desencadenar otra explosión de ira. Aunque me dolía la mejilla por la bofetada que me había dado, en el fondo entendía que su reacción provenía de la preocupación desesperada por mi hermano.
—¡Lárgate de aquí ahora mismo! —e