—¿Ahora estás tímida? Jazmín, aquella noche estabas muy suelta, prefiero más esa versión de ti.— Armando sonrió con malicia mientras se inclinaba hacia mi oído y susurraba estas palabras. Su aliento cálido cosquilleaba en mi oído, pero sus palabras crudas me daban ganas de golpearlo.
Antes de que pudiera reaccionar, él se abalanzó sobre mí, sin darme oportunidad de decir nada.
No sé cuánto tiempo pasó, sentí que mi cuerpo perdía fuerzas, pero él continuaba sin mostrar signos de fatiga, persistie