Al acercarme, advertí que aquella mujer lucía un atuendo sumamente provocativo y sensual. Su edad rondaría los treinta y tantos años, claramente no de la misma generación que Damián. No obstante, a juzgar por su vestimenta, parecía ser una dama acaudalada.
—¿Por qué habría de temer? Tú eres mi novia, es natural que te bese. No hay motivo para avergonzarse de que otros nos vean.
Tras pronunciar esas palabras, Damián intentó besar nuevamente a la mujer, exhibiendo una sonrisa lasciva en su rostro.