Manuel ya había partido en su automóvil. Gala, al observar que transcurría un lapso de tiempo considerable y yo aún permanecía ensimismada, sin reaccionar, procedió a tomarme directamente del brazo y a pronunciar aquella frase en tono zumbón.
Fue entonces que salí de mi trance y la fulminé con una mirada fulminante, sin saber qué decir, pues no podía confesarle que no experimenté absolutamente ninguna sensación ante la muestra de intimidad por parte de Manuel, que incluso me produjo cierto recha