Mariana no esperaba en ese momento que Mateo estuviera fingiendo estar dormido. Una sensación de humillación la invadió de inmediato. ¡Y pensar que hacía un momento incluso le dio una manta! Resultó que él no estaba dormido en lo absoluto. Su gesto amable ahora parecía una burla total.
Mariana respondió con frialdad:
—No te estaba mirando a ti.
Mateo, con los ojos entrecerrados, sorprendido por la respuesta tan mordaz de la mujer. Chirrió la lengua y, sin previo aviso, la atrajo hacia su abrazo