En el pasado, cuando Mariana le entregaba todo su corazón, Mateo no le daba importancia alguna. Pero ahora, viendo cómo lo trataba con indiferencia, una inexplicable necesidad de conquistarla empezó a surgir en él.
Mateo no tenía intención de irse. Se acomodó tranquilo en el sofá y se quedó sentado allí. Aunque la puerta del baño estaba empañada, aún podía vislumbrar bien la silueta borrosa y atractiva de Mariana en el interior. Por alguna razón, sintió un fuerte nudo en la garganta y su mirada