Viviana estaba avergonzada y furiosa, con los ojos enrojecidos. Ella era la adorada señorita de los Soto, la princesa del violín más pura del mundo del espectáculo, y además la amante del heredero de la familia más poderosa, Mateo.
¿Cómo podía rebajarse a discutir con esta mujer maleducada del campo?
No podía perder la compostura frente a Mateo.
Miró a Mateo con ojos suplicantes.
—Mateo, lo siento, no debí venir hoy.
Al menos Mateo estaba de su lado.
Dejaría que Mariana siguiera siendo vulgar.