Sorprendentemente, las dos recepcionistas apenas la miraron y volvieron a sus asuntos, sin prestar atención a Mariana.
Una de ellas incluso se burló:
—Vaya, de todo hay en la viña del Señor. Se cree que por tener algo de dinero puede acercarse a nuestro señor Ramírez. El señor Ramírez no recibe a cualquiera.
—Soy la esposa de Mateo. ¿Dónde está?—Mariana no quiso perder tiempo con ellas.
Esto hizo que las recepcionistas se rieran.
—Señorita, parece una persona decente. ¿Cómo es que ha perdido l