Después de una noche caótica, Mariana despertó en la cama de Mateo por primera vez, con una única palabra en mente: dolor. Con las piernas temblorosas, se levantó apresurada y miró con rabia la parte vacía de la cama donde él debería estar. ¡No podía creer que ese desgraciado se hubiera salido otra vez con la suya!
Cubriéndose la zona adolorida, Mariana rechinaba los dientes con furia. ¡Mateo era un miserable monstruo! Después de someterla toda la noche, se había marchado sin ni siquiera esperar