Después de una noche de pasión, Mateo conocía a la perfección las zonas sensibles de Mariana.
Con un toque sutil de sus dedos, logró hacer que ella reaccionara con una respiración entrecortada, apenas tocando ciertas partes de su cuerpo.
Mariana estaba jadeando tal cual pez fuera del agua. Pero esto no era suficiente para Mateo; ¡él quería que ella le suplicara!
Mateo comenzó a ser aún más agresivo, sus dedos explorando y provocando a Mariana hasta el límite de su resistencia. Un gemido suave y