La abrazó, hundiendo la cara en su cabello suave, y volvió a cerrar los ojos, respirando de forma acompasada.
Miranda no entendía a qué venía todo eso. La tenía abrazada con tanta fuerza que no podía moverse, así que solo le quedó protestar en voz baja, junto a su oído.
—Suéltame. ¡No te hagas el dormido, contéstame! ¿Estás bien o qué? Si no aguantas el alcohol, no deberías tomar tanto. Y si vas a vomitar, más te vale avisar, ¿eh? Ni se te ocurra vomitarme encima. ¿Ya fue suficiente? ¡Se me va