Anna
El coche avanza en silencio, el motor ronronea suavemente, pero es la tensión lo que más me oprime. Sentada atrás, aprieto mis manos sobre las rodillas, con la mirada fija en la carretera que desfila. Cada metro que nos acerca a él me arranca un poco más de aire.
Cuando el coche se detiene frente al casino, ya sé que Louis está allí. Pesado, inmenso, a punto de explotar. Me abren la puerta y bajo, con las piernas temblorosas.
Adentro, las luces doradas no tienen nada de cálido. Todo parece