81. Enemigos
Los dos policías que se acercan al grupo de ancianas histéricas y sedientas de sangre son altos, serios y, al parecer, plenamente conscientes de quién es Emanuele o, al menos, de qué se le acusa.
Después de hablar durante quince minutos con las ancianas, éstas desisten. En lugar de coger el ascensor, bajan todos, todavía al son de las canciones de protesta, refunfuñando y maldiciendo.
Joshua no se despega de la puerta hasta que está seguro de que la última de las ancianas está lejos. Suspirand