—Te tira una cubeta de agua fría y, ¿tú deseas su cariño? —preguntó Ivar sin levantar la mirada hacia ella—. ¿Eres masoquista? Eso me haría entender por qué sigues en este trabajo pese a cómo te trato.
—Creo que, si sigo en este trabajo, es por sádica… Más bien el masoquista es otro —respondió cruzada de brazos y ladeando su cadera de esa manera tan seductora que Ivar no podía ignorar—. Quisiera llevarme bien con Harold y que…
—No es necesario, preferiría que te siga odiando… —agregó Ivar le