Narra David De María
Alondra me seguía amando, tanto o más de lo que yo, la amaba a ella y por eso me sentía dichoso, ella era la mujer de mi vida y con ese beso que le había robado y que ella terminó correspondiéndome, me sentí con un poco más de ánimos, para luchar, porque no se fuera de mi lado. El lado malo de todo esto es, que mi princesa, se había desmayado y por poco y no la alcanzaba a sostener. La cargué y la recosté en la cama de Sabadelle, quién estaba transparente del susto.
–Colega