Narra David De María
Mi padre y mis hermanos, no podían creer lo que había dicho Alondra y mi tía Almudena, estaba que se la llevaba la fregada de coraje, más aún porque mi amigo Sabadelle, contribuyó burlándose de ella y contra eso, yo no podía hacer nada.
Mi amigo, no tenía vergüenza, ni límites, ni freno. Sus padres no pudieron educarlo, menos iba a poder hacerlo yo. Alondra, parecía un toro embravecido y mi tía Almudena, de sus ganas la hubiera hasta golpeado, algo que yo no iba a permitir