Narra David De María
Nos acostamos, ya satisfechos de nuestro primer encuentro, en la primera noche, de muchas que pasaríamos en Madrid. Cubrí a mi princesa y me quedé contemplándola acaricié su rostro y le di un beso en los labios, pues ya se estaba quedando dormida, me gustaba verla así, sin ninguna preocupación. Cerré los ojos y empecé a soñar con lo que habíamos hecho.
A la mañana siguiente la alarma del teléfono móvil me despertó, la había puesto una hora antes de que llegara mi amigo Sant