Narra Alondra Ferreyra
Desperté en la recámara de Carmen, al día siguiente del problema con David. Un delicioso aroma a café, me hizo que poco a poco fuera abriendo los ojos, Carmen estaba sentada a mi lado, sosteniendo la taza de café y mirándome con la ternura que, solo una madre puede mirar a su hija.
–Hola, Alondra, ¿Cómo estás, hijita? – Me dijo con ternura – Espero, que te sientas un poco mejor, llevo un rato hablándote, pero no te despertabas.
–Hola, Carmen, estoy bien gracias – Respondí