Maya asintió, solo entonces quitándose los audífonos. Me acerqué a su lado para sentarme y ya estaba abriendo la aplicación de delivery en mi celular.
—Ah, Ares. —Me llamó, y la miré justo a tiempo para ver su sonrisa cabizbaja.— Recibí la respuesta del hospital esta mañana. No conseguí el empleo.
Escuchar eso me entristece porque sé que mi Maya también lo está, pero ella continúa antes de que pudiera consolarla de alguna manera:
—Pero está bien, ¿verdad? Tendré otras oportunidades. —Dijo resig