Inmediatamente, como si toda mi vida hubiera estado esperando esto, impulso mis piernas hacia arriba, abrazándolo por la cintura con total desesperación y, con más desesperación todavía, gemí fuertemente cuando Ares tomó mi cadera y me penetró de una vez, deslizándose dentro de mí con la misma intensidad en que un suave grito de satisfacción se deslizó hacia afuera.
Con mis brazos todavía unidos a la cruz, todo mi deseo de tener a Ares repetidamente dentro de mí fue expresado por mis piernas ap