Momentos después, cuando él también quedó listo con su camisa formal y mangas cortas metidas dentro de sus pantalones, finalmente salimos de casa.
Fuimos directamente a un centro comercial, donde iniciamos una búsqueda incansable del sombrero perfecto para el señor Clark. Al final, encontré una boina verde musgo con un estampado a cuadros que parece perfecta para él, y mi sonrisa se agrandó aún más cuando imagino lo feliz que estará Héctor.
—Ares —lo llamé mientras, ahora, compramos unas sandal