Luego lo animé haciendo un gesto con mi cabeza y volví a sostener el objeto esponjoso con más firmeza, atenta a la tensa respiración de Ares cuando dio el segundo golpe, más fuerte que el primero, y luego el tercero, cuarto y quinto, hasta que dejé de contar, cada uno ganando más fuerza que el anterior, y siguió dando más golpes hasta que empezó a jadear y dejar que un sonido grave y ronco corriera por su garganta al mismo tiempo que nuevas lágrimas comenzaron a escurrir de sus ojos.
Mi corazón