—¿Ares? —Llamé, entonces, con una entonación curiosa, mientras disfrutaba de toda la atención que estaba recibiendo.
—¿Hm? —Murmuró, dirigiendo sus ojos oscuros en mi dirección cuando tiró suavemente de uno de mis brazos, deslizando su palma húmeda sobre él.
—¿Puedo preguntarte algo? —Sonrió mansamente. —Por supuesto, ángel.
—Sé que ya has tenido una relación seria con otra persona, —Comenté, mirándolo con atención. —entonces ¿por qué nunca le diste un collar?
Ares no se vio afectado por mi pre