El Día que todo cambió

Kimy salió del recinto enojado, perturbado, dolido y lleno de odio. La declaración de aquel desconocido dejó en el ambiente un aire amargo y desolador. Sus sentimientos eran tan negativos que atrajeron a varios demonios parásito clase III. Son peligrosos, aunque no tanto como otros a los que me he enfrentado. Luché con varios de ellos durante más de dos horas y logré salir victoriosa gracias a mi espada celestial. Pero… lo confieso: cada vez es más difícil luchar contra ellos, porque los enfrentamientos se han vuelto demasiado frecuentes.

A veces desearía no tener este trabajo tan complicado y desgastante. Sé que soy un ser celestial, pero en ocasiones todo se vuelve demasiado pesado. Me pierdo en mis pensamientos mientras observo a Kimy desvanecerse ante mis ojos… Pero no es él: soy yo. Siento un dolor que se expande por mi cuerpo.

¿Qué es esto?

Es veneno demoníaco.

Me han mordido.

Lo último que veo es una figura familiar desvaneciéndose entre la oscuridad. Luego todo se tornó silencio.

Una hora antes:

Una presencia maligna, cargada de hedor demoníaco, se apoderó del recinto donde se encontraban los dolientes de la madre de Kimy. Instintivamente, como toda guerrera, dirigí una mirada de ataque hacia la puerta, que se abrió de par en par. No distinguí la figura al principio; se movía con soltura y desfachatez en un lugar sagrado. Cuando identifiqué al ser que estaba de pie frente a nosotros, me sorprendí al verlo allí, presente ante todos.

Mis compañeros guerreros celestiales, guardianes de los demás humanos presentes, se mostraron cautelosos. Uno de ellos, Elyam, me advirtió que no iniciara una batalla contra aquel espectro, ya que era demasiado poderoso. Un enfrentamiento habría sido innecesario y podría causar más daño que bien. Me hizo un gesto para calmarme. A pesar de que él adoptó forma humana, seguía siendo el mismo ser despreciable y engañoso por dentro.

El desconocido se presentó con una sonrisa diabólica y dijo que deseaba ver al hijo de la mujer fallecida hacía un año: Mayeth Sun. A quien él buscaba, lo llamaban Kimy Ling. Me tensé al oír al monstruo pronunciar su nombre; me provocó náuseas. Me puse a su lado, y el ser maligno me hizo un saludo irónico con la mano. Fingí no verlo y adopté una posición de defensa. Él solo levantó las manos fingiendo inocencia. Apartando la mirada de nosotros, le pidió a Kimy un momento para dialogar, asegurando que solo deseaba hablar. Fingía sinceridad, pero yo sabía que era mentiroso hasta la médula.

Kimy se asomó entre los presentes y fijó la vista en la figura que lo llamaba.

—¿Qué desea de mí, señor? —preguntó.

El extraño respondió con voz de ultratumba:

—Tu vida… Ya cobré la de tu madre. Ahora me faltas tú.

El recinto quedó en silencio. Miradas de confusión, respiraciones pesadas y agitadas se sentían a nuestro alrededor. Reinaba la confusión total.

Las palabras que salieron de su boca me dejaron helada, petrificada. ¿Era posible que dijera semejante cosa? ¿Será eso a lo que se referían cuando me asignaron a Kimy? ¿Todo era por esta razón?

¿Cómo fue capaz su madre de hacerle eso?

¿Aquel ser lleno de mentiras decía la verdad solo para provocarlo?

Estaba a punto de desenvainar mi espada cuando el ente maligno miró mi arma y dijo:

—Si me tocas ahora, haré efectivo mi contrato y él morirá aquí, frente a todos.

Kimy lo miró fijamente y declaró:

—No sé qué trato tenías con mi madre, pero yo no soy tuyo ni de nadie. Tampoco tengo intención alguna de ser objeto de sacrificio o pago por deseos ajenos.

Me sentí orgullosa de su valentía, pero no era tan sencillo como él creía.

El malévolo personaje respondió:

—Tarde o temprano tendré lo que es mío por derecho. Tu sangre será mía, como lo fue la de tu madre. Gracias a mí tienes vida; yo te la di y voy a quitártela cuando me plazca, niño. Me perteneces.

No verás la luz del sol por mucho tiempo. Recuérdalo… Ni siquiera tu guerrera celestial de tercera podrá salvarte.

Nos vemos luego, guerrerita celestial.

Su tono sarcástico me encendió la indignación, me hirió no poder darle su merecido.

El ser demoníaco me mostró el dedo medio y lanzó un gesto obsceno. Yo solo puse los ojos en blanco.

Kimy no entendió nada cuando dijo “Guerrera Celestial”.

—¿Qué significa eso? —preguntó confundido—.

¿Hay alguien que me ha estado protegiendo todo este tiempo?

¿Guerrera celestial?

¿Quieren decir que todo lo que dicen sobre el bien y el mal es real?

¿Por qué nunca antes percibí la presencia de este ser celestial?

Aunque… quizá todo tenga sentido. Desde niño he estado expuesto a incidentes que amenazaban mi vida, mi salud, mi integridad, y aun así siempre lograba salvarme. Esa era la razón de mis “milagrosas” recuperaciones.

¿Dónde está él… o ella?

Quiero verle.

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